En los últimos años de mi vida pasé mucho tiempo en el mundo público, por convicción, por llamado y por vocación. Y quiero decir algo con honestidad: considero que el mundo público es un lugar hostil, pero maravilloso al mismo tiempo. Hostil, porque exige carácter y resistencia. Maravilloso, porque es un campo inmenso para evangelizar, para sembrar verdad, para hablar de Dios.
Lo disfruté. Lo amé como pocas cosas en mi vida.
Sin embargo, en los últimos meses descubrí algo que me cambió por dentro: es valiente quien se queda… y es valiente quien decide dar un paso al costado. En mi caso fue la segunda opción. Y la paz que me ha abrazado desde entonces es grande. Una paz que no depende del aplauso ni de la agenda.
“La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy como la da el mundo” (Juan 14, 27).
Hoy me siento feliz descubriendo un mundo amplio que no había tenido la oportunidad de explorar con profundidad: el mundo privado. La vida cotidiana. Ese lugar donde Dios trabaja sin cámaras.
Y aquí quiero decir algo importante: mantenerse al margen no es ser tibio. En mi caso, ha sido un acto de prudencia. Las contiendas políticas suelen ser completas, intensas, difíciles. Y en este momento de mi vida siento, con claridad y oración, que no estoy disponible para entrar allí.
La prudencia es una virtud, no una cobardía. Como enseñaba Santo Tomás de Aquino, la prudencia es “recta razón en el obrar”. No es miedo; es saber cuándo actuar y cuándo callar. No es indiferencia; es orden.
Eso no significa abstraerme de mi deber. Al contrario. Con rigurosidad y oración ya he elegido mis candidatos. No quiero mencionarlos aquí, porque más que invitarte a votar por alguien, este blog es una invitación a que tú también tengas la oportunidad de discernir.
Que ores. Que medites. Que le preguntes a Dios qué espera de ti en esta elección. “Si alguno de ustedes necesita sabiduría, pídasela a Dios” (Santiago 1,5).
Ahora, bien la pregunta que me ha rondado en la cabeza es esta. ¿Qué es un verdadero liderazgo?
Sin duda los liderazgos pueden ser positivos o negativos. La historia lo demuestra. Pero la pregunta no es quién grita más fuerte, quién tiene más seguidores o quién domina el escenario.
La pregunta es: ¿qué es un verdadero liderazgo? Al final, ser líder va mucho más allá de un cargo, un grupo o un reconocimiento. Es la capacidad de inspirar y mover a otros hacia el bien. Es servir antes que imponer. Es sostener antes que brillar. “El que quiera ser el primero, que sea el servidor de todos” (Marcos 9,35). Un líder auténtico no solo administra poder; cultiva virtudes. Y aquí vuelvo a Santo Tomás de Aquino, quien afirmaba que los gobernantes deben poseer las virtudes morales en grado excelente, porque de sus decisiones depende el bien común.
Virtudes como, la obediencia a la verdad, la unidad por encima de la división, la humildad frente al poder, la justicia antes que el interés propio. Decía San Agustín de Hipona: “Un pueblo es la asociación de personas unidas por el amor a lo que aman”. Entonces la pregunta no es solo a quién amas, sino qué ama esa persona a la que le vas a confiar tu voto.
Más que preguntarme a mí
Quedan pocos días para las elecciones de Congreso. Y quiero invitarte a algo muy concreto: ora, y por favor, no preguntes más por quién votar. Pregúntate tú, entra en tu conciencia, examina las virtudes, la coherencia, la vida pública y privada de quienes se postulan.
Discierne, porque al final, cuando sea 9 de marzo, la pregunta no será qué dijo tal influencer o tal líder de opinión. La pregunta será: ¿Qué siento hoy? ¿Culpa? ¿Tranquilidad? ¿Paz? ¿La gracia de saber que cumplí mi deber con rectitud?
Como decía Santa Teresa de Calcuta: “Dios no me llamó a tener éxito, me llamó a ser fiel”.
Y en eso estamos.
En ser fieles.

2 Comments
Excelente reina bendiciónes🙏🙏🙇♀️
Dios te bendiga!